Cómo analizar una candidatura política

Entre la lucha verbal en el último debate de candidatos presidenciales y sus encaramientos y enjuiciamientos televisivos en sus participaciones en programas abiertos uno se pregunta: ¿cómo podría uno analizar una candidatura política de este tipo, con la misma lupa y sin caer en favoritismos accidentales? Si buscamos ser objetivos y críticos para poder decidir por un mejor candidato(a), ¿bajo qué vara los medimos?

cómo analizar una candidatura política

Entonces, ¿cómo analizar una candidatura política de forma práctica?

Si analizamos el manejo financiero, el manejo mediático, la imagen, la credibilidad, la franqueza, o cualquier otra característica particular, pareciera no haber forma de evitar estar dándole ventaja a uno(a) u otro(a) según cada enfoque. Todos los candidatos Se concentran en asuntos distintos y se atacan unos a otros sin dejar casi a nadie limpio de críticas por su forma, más no por el fondo.

Esto me hizo recordar el dilema del entrenamiento en comunicación: ¿cómo crear un método de enseñanza que sirva tanto al estudiante que busca defender su tesis, como al gerente que necesita dirigir reuniones de jefaturas? Una opción es buscar los contenidos más genéricos y sencillos disponibles, creando una batería de contenidos estándar que sirva a todos. Pero en el caso de analizar candidatos, no podemos crear un país genérico simplificado que sirva a todos los candidatos; tenemos que elegir a uno, porque solo puede haber un presidente. En un entrenamiento, otra opción es analizar a cada alumno por separado y crearle una tabla de contenidos única; en un candidato el proceso es bastante similar…

3 claves para analizar una candidatura política

Todos los candidatos sí tienen una serie de elementos en común y que nos sirven para evaluar, porque todos buscan algo similar solo cambiando sus enfoques: enfoque estratégico. Y con «enfoque» estratégico, me refiero a las partes de la estrategia que podemos medir siempre con la misma vara. Veamos estos puntos uno a uno:

1. Objetivos

Antes de analizar una candidatura política, consideremos que todos los candidatos buscan alcanzar un objetivo. Algunos buscan crecimiento macroeconómico, otros desarrollo urbano, otros modernización de derechos civiles, etc. Y aquí es cuando uno puede usar de una forma ordenada su criterio personal y subjetivo: ¿coinciden los objetivos que se plantea el candidato con lo que yo considero necesario? Porque siempre las necesidades de uno como ciudadano son el elemento que se debe traducir en los objetivos de un gobierno.

Pero evaluar esto no es tarea fácil, porque no es raro que los candidatos políticos muestren una imagen siempre favorable que no siempre exprese de forma clara y directa cuáles son sus reales objetivos. Y para poder decodificar esa información muchas veces se necesitan conocimientos más allá de nuestro alcance: ¿son las propuestas de X candidato favorables para Y problema actual en, por ejemplo, la salud pública? Sin embargo, sí podemos analizar de forma simple una característica clave: ¿describe el candidato(a) de forma clara y directa su objetivo con respecto a determinada área? Al menos podemos saber fácilmente si lo hace o no. Si lo hace, ya tenemos la respuesta, pero si no, esa carencia de claridad o respuesta puede ser una evaluación («esta persona no es clara en sus objetivos con respecto a eso»).

2. Métodos

Aquí es donde cada candidato(a) difiere y el análisis se torna difícil. Cada postulante al cargo tiene, idealmente, un plan para cada área que abordará en su mandato. Y cada plan tiene su propio objetivo, recursos y métodos. El punto clave de cada plan que cada postulante muestra, y que nos servirá para decidir si es un buen plan, para nosotros, o no, son sus sus prioridades.

Cada iniciativa que impulse un mandatario necesita recursos; consumir recursos. Y esos recursos siempre varían. Puede tratarse de dinero recaudado por el gobierno, tiempo de trabajo de sus funcionarios, e incluso recursos personales de los ciudadanos (como propiedades, en caso de obras públicas que requieran expropiación de terrenos). Dentro de cada iniciativa se prioriza su objetivo en desmedro del recurso necesario. ¿Es, según mi opinión, positivo que se gasten fondos públicos (recurso) para la construcción de X obra (objetivo)? Si la respuesta es sí, entonces ese método de ese candidato(a), para resolver X problema, es congruente con mis expectativas. Si la respuesta es no, entonces probablemente las prioridades de esa persona candidata no son iguales a las mías; sus métodos no van conmigo.

3. Comunicación (Criterio)

Este más que un punto de análisis, es un criterio que hay que tener siempre presente para mantener la claridad mental necesaria para realizar un análisis limpio. ¿Es la actitud y seguridad de un candidato(a) al momento de responder una pregunta, un criterio útil para evaluarlo?

Lamentablemente (ironía para mí), la forma en que se responden las preguntas a las que son sometidas las distintas candidaturas, es algo que se puede, y suele, entrenar, y no es siempre una expresión confiable de la solidez del plan de un candidato (a). Existen muchas técnicas para afrontar un cuestionario político y me gustaría explicar un par, para así aclarar el punto:

Un contexto «cuñero»

Imaginemos que me dan la misión de entrenar a un candidato para prepararse ante un bombardeo de preguntas dedicadas. No puedo prometer prepararlo para todas y cada una de las posibles preguntas que le hagan. No solo por no poder ver el futuro, sino porque las posibilidades son casi infinitas. ¿Qué se hace en estos casos? Se prepara a la persona en los distintos contextos donde podría ser cuestionado. A alguien se le podrían preguntar catorce mil preguntas, pero probablemente todas sean clasificables en cuatro o cinco contextos generales. Y este tipo de focos son los principales al analizar una candidatura política, tanto por uno mismo, como por otras personas.

Primero, al candidato, o candidata, se le prepara para que pueda improvisar discursos distintos dentro de cada contexto (recordemos que «discurso» lo usamos en su definición más amplia: decir «¡salud!» después de un estornudo podría ser un discurso…, uno muy pequeño, pero discurso al fin y al cabo). Si a nuestro postulante le podrían preguntar acerca de la educación, se preparan y pulen los contenidos que la persona podría hablar con seguridad acerca de la educación. Ahora, sería un poco extraño que ante una pregunta específica, se responda hablando de algo distinto; aquí es cuando entra el concepto de «cuña».

¿Qué es una «cuña»?

Cuña, tećnicamente, es una frase dicha por un entrevistado que el periodista usa para promocionar su artículo, generalmente incluyéndola en el titular. Y cuando hablamos de «cuñero», hablamos de una idea o frase que llame mucho la atención del mundo periodístico. Y en este caso, de un contexto cuñero, me refiero a temas que un candidato(a) pueda tratar que sean muy llamativos para quien realiza la entrevista.

Así, por ejemplo, si a un candidato le preguntan acerca de cuál sería el presupuesto exacto para construir un hospital que haya propuesto, es muy difícil que esta persona tenga fresca en la memoria una cifra tan exacta, pero sí podría responder algo como esto:

Yo aquí y ahora no puedo dar un monto exacto, ya que eso se define más adelante en el proceso de ingeniería, sin embargo la inversión que se aparte para esto, que de buenas a primeras podría expresarse en millones de dólares, es un elemento que debiese ser parte tanto de mi propuesta como la de cualquier otro candidato dada la situación actual de los servicios de salud del sector.

Analicemos esa respuesta…

Se responde en la primera frase a la pregunta hecha (importantísimo para expresar seguridad, sea la respuesta que sea); se explica inmediatamente después el porqué de esa respuesta (no tan importante, pero necesario cuando hay juicio público); y se finaliza con una idea cuñera, siendo en este caso algo que implícitamente expresa: «me extraña que me pregunten por el monto de esto, siendo que no debería estar ni siquiera bajo análisis dada su importancia», bajando así la notoriedad del cuestionamiento, dejando la idea de que el candidato(a) está mirando las cosas desde un punto de vista más criterioso que eso.

¿Hace esto que el candidato(a) tenga objetivos y métodos que se conjuguen con los míos? No, pero da una sensación de seguridad y franqueza que nos puede distraer. Que alguien responde de forma fluida y segura una pregunta, e incluso que nos deje satisfechos o interesados, no quiere decir que necesariamente haya respondido bien a la pregunta hecha.

Empatía funcional

Empatía es cuando una persona conecta con las emociones de otra, sea por comprensión o por conexión. Y que sea funcional, quiere decir que está planificada de tal forma que cumpla con un objetivo.

El error más común es el creer que ser empático quiere decir estar siempre sonriente o ser siempre formal y serio. ¿Nos causa empatía alguien que nos habla sonriendo mientras habla de algo catastrófico? ¿O que nos habla serio mientras habla acerca de sus esperanzas acerca del futuro de los niños?

Cómo usar la empatía funcional:

Una forma habitual de generar una empatía artificial y funcional es la de expresar con las emociones, el interés de la audiencia acerca de lo que hablamos. Si a un candidato le están preguntando acerca de la precaria situación de seguridad de las familias de algún sector estigmatizado con la delincuencia, ¿debe hablar con una sonrisa de esperanza, con una mirada severa de lucha contra la delincuencia, o con preocupación demostrando conciencia social? Ni lo uno ni lo otro. No exista una fórmula secreta única y siempre eficaz; lo que existe es la estrategia.

Primero el candidato debe pensar en a qué audiencia se dirige. Digamos que en este caso es un público general: clase media, con cierta conciencia social, pero que no vive ahí probablemente. Y después debe considerar cómo se siente una persona estándar dentro de ese grupo: preocupada, pero no sufriendo. Si a esta persona se le describe la situación de las personas que viven en esa situación, probablemente se siente angustiada y hasta un poco enojada por lo injusto del caso. Y curiosamente la estrategia para le candidato sería justamente hablar con ese estado de ánimo.

Truco psicológico: rapport

En psicología existe el concepto del «rapport», que habla de cómo las personas comienzan a asemejarse en sus posturas y gestos a medida que se conectan mientras hablan («sintonía»). Como los dos mejores amigos en un bar que probablemente están sentados de la misma forma hablando con la misma expresión en el rostro. En el caso de nuestro postulante, el mostrar una emoción que coincide con nuestra misma emoción al pensar en eso, hace sentir una aparente empatía con esta persona. Por estadística, la mayoría de las personas que lo ven por televisión, van a pensar que este candidato siente de la misma forma que ellos; sea así o no.

¿Hace esto que este candidato esté realmente conectado con las necesidades de las personas? No, por mucho que así lo sintamos al verlo.

Más y más técnicas…

Y estos solo son dos ejemplos de la infinidad de herramientas con las que se puede preparar a una persona. Y es por esto que hago tanto énfasis en tener la claridad mental suficiente como para analizar solo y únicamente los objetivos (claros o ausentes) y sus métodos, en cada candidatura. Las formas de hablar, la seguridad que nos transmitan, y en general cómo se comuniquen, puede ser algo engañoso. Por lo que para analizar una candidatura política con objetividad, habría que, al menos, considerar esto.

Muchos candidatos se someten a entrenamientos rigurosos para preparar su participación en medios, mientras que otros han adquirido estas habilidades con años de práctica. Sea como sea, son elementos presentes en la mayoría de las situaciones y no hay que dejarlos pasar.

¿Ha expresado tu candidato(a) sus objetivos y métodos de forma clara y directa? ¿Van realmente en armonía con tus necesidades? ¿Has considerado este tipo de putos al analizar una candidatura política como la de ahora?
Pedro Stein

Entrenador en técnicas de oratoria y comunicación.